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El estrés puede reducir el tamaño del cerebro


Escrito por Luis Otero

Según un estudio, las personas con altos niveles de cortisol, la hormona del estrés, tienden a tener menos masa cerebral y problemas de memoria y atención.

Una reciente investigación publicada en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología, revela que el volumen del cerebro de los individuos que presentan niveles más altos en sangre de cortisol, la sustancia producida por la glándula suprarrenal que se conoce como hormona del estrés, es más reducido.
¿Y qué consecuencias tiene esto? A priori, hace que tengan más dificultades para memorizar y recordar, aunque la doctora Sudha Seshadri, profesora de neurología en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio y autora del estudio, aclara que de ello no se puede deducir, al menos por el momento, que tener más estrés implique necesariamente que se reduzca el tamaño y la funcionalidad de nuestro encéfalo: “Los niveles más altos de cortisol parecen predecir la función, el tamaño y el rendimiento cerebral en las pruebas cognitivas, pero por ahora solo podemos decir que existe una conexión pero no que haya una relación de causalidad entre ambos hechos“.
Esta no es la primera vez que los científicos relacionan la ansiedad y el estrés con los cambios cerebrales, pero hasta ahora la mayoría de los estudios se centraban en personas ancianas. Sin embargo, esta investigación tiene como objetivo evaluar la asociación del cortisol matutino con el rendimiento cognitivo y la estructura del cerebro en adultos jóvenes y de mediana edad que no presentan signos de demencia u otras manifestaciones de deterioro cogitivo derivado de la edad.
“Hemos visto en la investigación que había pérdida de memoria y contracción cerebral en personas de mediana edad antes de que los síntomas empezaran a mostrarse, por lo que es importante buscar formas para reducir el estrés, como dormir las horas suficientes, hacer ejercicio moderado, incorporar técnicas de relajación en la vida cotidiana o controlar en el médico los niveles de cortisol y tomar un medicamento reductor en caso de que sea necesario”, recomienda otro de los autores del estudio, Justin B. Echouffo-Tcheugui, de la Escuela de Medicina de Harvard en Boston, en Massachusetts
El cortisol es una hormona que ayuda al organismo a controlar la ansiedad, reducir los procesos inflamatorios, mejorar el funcionamiento del sistema inmune, metabolizar las proteínas, grasas y carbohidratos, y mantener los niveles de azúcar en la sangre y la presión arterial constantes. Los niveles de cortisol en el torrente sanguíneo varían a lo largo del día porque están relacionados con la actividad que desarrollemos. Suelen ser más altos durante la mañana –entre 5 y 23 mcg/dL– y descienden a lo largo del día, hasta situarse entre 3 y 16 mcg/dL.
Según Echouffo-Tcheugui, “el cortisol afecta a muchas funciones diferentes, por lo que es importante investigar a fondo cómo pueden afectar al cerebro los niveles elevados de esta hormona”.

El método del estudio

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores liderados por Seshadri y Echouffo-Tcheugui, estudiaron el cerebro de 2.231 personas aparentemente sanas con una edad media de 48 años. Sacaron esta muestra de individuos del Framingham Heart Study, un estudio exhaustivo sobre la salud de una comunidad de Massachusetts desde 1948 y que se ha llevado a cabo con tres generaciones.
Los participantes se sometieron a distintas pruebas psicológicas para valorar sus habilidades memorísticas y de razonamiento, además de a análisis de sangre y escáneres cerebrales. Ocho años después, tuvieron que pasar algunas pruebas similares y fueron divididos en tres grupos según sus niveles bajos, medios o altos de cortisol en sangre.
Después de considerar otros parámetros como la edad, el sexo, el índice de masa corporal o si eran o no fumadores, los autores vieron que las personas con los niveles más altos de cortisol tendían a recordar peor y a tener problemas para mantener la atención, y sus cerebros también presentaban volúmenes más reducidos, sobre todo las mujeres.

Cuidado con las conclusiones precipitadas

Sin embargo, McEwen y Seshadri advierten que no hay que llegar a la conclusión precipitada de que el estrés es el culpable de todo, pues los resultados del estudio solo muestran una asociación, no una causa, y que hacen falta más investigaciones para determinar si realmente existe esa relación de causalidad entre los altos niveles de cortisol y la demencia. En todo caso, recomiendan que, mientras tanto, la gente considere introducir cambios en su estilo de vida para combatir el estrés.

Dra M. Laura Nasi

María Laura Nasi es médica, recibida de la Universidad de Buenos Aires.

Se especializó en Medicina Interna y Oncología Clínica en el Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. Trabajó como Coordinadora de Ensayos Clínicos para el International Breast Cancer Study Group en Berna Suiza y luego ejerció como Directora del Departamento de Investigaciones del laboratorio Suizo, Debiopharm.

Hizo un vuelco en su carrera ampliando su visión hacia una medicina más humanizada y se especializó en Medicina Mente Cuerpo en el Instituto de Medicina Mente Cuerpo de la Universidad de Harvard, Boston, y en intervenciones psico-socio-espirituales para pacientes con cáncer en el Simonton Cancer Center en California, US.

Fue Fundadora y Presidenta de ASOI, Asociación de Oncología Integrativa, asociación civil sin fines de lucro dedicada a la difusión de una visión integrativa para pacientes oncológicos, sus familias y el equipo de salud. Fue co-creadora e integrante del equipo del programa de Medicina Integrativa de Fundaleu y del programa FertilMente, para parejas con problemas de fertilidad. Participó en el Consejo Científico de WikiLife.
Tuvo a su cargo la selección de contenidos de la Fundación Columbia de Conciencia y Energía siendo su Asesora Científica; en 2015 lanzó la propuesta de Encuentros participativos de Ciencia y Espiritualidad.

En el año 2017 publicó dos libros que tuvieron gran aceptación. “El cáncer como camino de sanación” (Ed. Paidós) donde propone una mirada holística del cáncer junto con aportes para quien quiera recuperar o preservar su salud y vivir una vida plena y feliz. Junto a Phd. Margarita Dubourdieu escribó “Cáncer y Psico-Neuro-Inmunología” (Ed. Nativa) dirigido a profesionales de la salud que quieran investigar cómo llevar los conocimientos de la PNIE a la clínica. Fue miembro de IONS (Institute of Noetic Sciences). Actualmente practica la Oncología Integrativa en un consultorio privado aplicando, además de conocimientos de Oncología Clínica, técnicas de Medicina Mente-Cuerpo y de Astrología. Es docente de cursos de posgrado en PsicoNeuroInmunoEndocrinología en la Universidad Católica Argentina (UCA), la Universidad de Belgrano, la Universidad Favaloro y en la Universidad Católica de Montevideo, Uruguay. Es miembro del Comité Científico de FeelsGood.
Su visión de una medicina para el ser humano como un ser multidimensional la lleva a indagar sobre temas de vida y muerte, ciencia y espíritu y vida consciente.

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